viernes, 28 de septiembre de 2012

Otto Kernberg


Se enfoca en el estudio de la personalidad y sus tipos de trastornos, centrando su atención en el trastorno fronterizo de la personalidad, para su abordaje y el de las demás patologías de la personalidad usa una herramienta que decide llamar “entrevista estructural”, la cual tiene como función central identificar la organización estructural interna del paciente; para ello, se basa en tres aspectos: evaluar los síntomas del paciente; los problemas de su funcionamiento en varias áreas de la vida, tales como familiares, sociales, laborales, entre otras; su Identidad, Juicio de Realidad y Mecanismos de Defensa. Lo que nos permite este tipo de entrevista es no solo centrarnos en la sintomatología del paciente, sino también en su subjetividad ya que podrán darnos cuenta de otros aspectos como su conducta, su forma de relacionarse con el entrevistador y algunos rasgos de su personalidad. 



Para Kernberg: el temperamento es la Disposición innata a reaccionar a los estímulos del entorno. El carácter es Organización dinámica de los patrones conductuales. Y por último la personalidad, que es la suma de estos dos primeros conceptos, que se funden con la internalización de los valores por el Yo, más un estilo cognitivo y unos mecanismos de defensa propios. Además concibe la personalidad como una interacción entre las relaciones de objeto adquiridas en la infancia junto con aspectos estructurales innatos. Esto lo diferencia de varios autores con enfoque psicoanalítico que le dan mayor o total prevalencia a las vivencias infantiles. 


Él se basa fuertemente en los postulados de Klein de las relaciones objetales, Para la constitución de la personalidad es necesaria la internalización de la representación del sí mismo, del objeto y del estado afectivo del vínculo. La internalización de la relación con el objeto y de las experiencias reales, junto con la agresión son inherentes para el desarrollo del sujeto. 


Este autor propone cinco etapas del desarrollo de la personalidad: En primer lugar está el autismo normal o periodo indiferenciado primario, el desarrollo de este periodo se da durante el primer mes de vida, y se caracteriza porque aun no se ha logrado constituir una unión entre el sí mismo y el objeto, que sea lo suficientemente estable. En la segunda etapa encontramos la simbiosis normal o periodo de representaciones primarias indiferenciadas del sí mismo con el objeto, esta etapa se da entre el segundo y sexto mes de vida, acá hay una relación en la que predomina un afecto, ya sea completamente ‘bueno’ o totalmente ‘malo’. La tercera etapa es la de las diferenciaciones del sí mismo con el objeto, consiste en la expulsión de la vivencia mala del sí mismo y del objeto, pasando a ser una representación que se instalara en el núcleo de la constitución del Yo. La cuarta etapa es en la que se reemplazan los mecanismos arcaicos de defensa tales como la escisión y la identificación proyectiva y se reemplazan por otros menos primitivos; aquí se percibe a los objetos como totales y además se consolida la estructura psíquica con formada por el Yo, el Ello y el Superyó. Para finalizar, la quinta etapa es en donde se espera alcanzar la consolidación del Superyó y el Yo esto es lo que le permitirá al sujeto responder con madurez a las exigencias de la vida. 


Kernberg propone tres características que conformaran el desarrollo de determinada personalidad, ya sea normal o patológica: en primer lugar está la identidad de yo, a partir de las relaciones de objeto y de las vivencias infantiles tempranas, el sujeto va internalizando una imagen de sí mismo, puede ser positiva o no, esto de acuerdo a cada sujeto; este aspecto de la identidad del yo está presente en la estructura neurótica, pero ausente en la limítrofe y la psicótica; se evalúa pidiendo al paciente una breve descripción de sí mismo y de las personas significativas para él. 


El siguiente aspecto tiene que ver con el juicio de realidad, cuando se adquiere la conformación de la identidad del Yo, el sujeto puede diferenciar entre el Yo y el no-Yo, se diferencia el origen intrapsiquico de los estímulos externos; acá se detecta alguna falla por medio de preguntas que den cuenta de si hay ideas delirantes o alucinaciones, sino entonces se interroga por las concepciones que se tienen de realidad, si esto tampoco es entonces en la relación terapéutica se trata de detectar si hay mecanismos de defensa primitivos, que son los que inmediatamente se ven reflejados, pues interfieren en la relación transferencial y contratransferencial; este aspecto se mantiene en la estructura neurótica y la limítrofe, mientras que en la estructura psicótica no. 


Por último los mecanismos de defensa, que pueden ser los avanzados o los primitivos, los avanzados son: la represión, la proyección, proyección avanzada, intelectualización, racionalización, negación avanzada y formaciones reactivas; y en los primitivos encontramos la escisión que esta junto a la proyección primitiva, idealización primitiva, omnipotencia, devaluación y negación primitiva que van de la mano con la idealización primitiva. Lo importante acá es hacer una distinción clara entres estos tipos de mecanismos defensivos, el de los avanzados es más discreto y no se detectan tan directamente en la relación terapéutica, mientras que los primitivos interfieren inmediatamente en ella, pueden detectarse en el discurso, se dan contradicciones, junto con actitudes de rechazo, de angustia, de agresividad. Con esta lógica entonces, la estructura limítrofe y psicótica tienen mecanismos de defensa primitivos, mientras la estructura neurótica los tiene avanzados. 


Nuestro autor propone tres estructuras de la personalidad, diferenciándolos cuantitativamente como unos más graves que otros: La personalidad de estructura neurótica es la que podemos considerar como normal, pues tiene establecidos los límites entre el Yo y lo externo, al ser sus mecanismos defensivos avanzados, no afectan al Yo. Los trastornos que se presentan es este campo son el obsesivo compulsivo, el histérico, el masoquista y los de tipo depresivo; esta estructura de la personalidad. Vemos que las relaciones que se establecen son duraderas y profundas, pues están enmarcadas dentro de lo que concibe la sociedad, además el neurótico por la identificación del Yo puede inhibir o postergar la satisfacción de un deseo y sus interacciones pueden estar motivadas por sentimientos de culpa de tipo inconsciente que fueron adquiridos en sus relaciones tempranas. 


La personalidad de estructura limítrofe superior, donde las relaciones objetales son estables, aunque marcadamente ambivalentes y conflictivas. El Superyó solo está parcialmente integrado, con lo que se reduce la capacidad de sentir culpa, se usan acá mecanismos defensivos primitivos, tales como la proyección primitiva y las formaciones reactivas, con otros más avanzados, como la represión. Se incluyen en esta categoría las personalidades sadomasoquistas, las infantiles, algunos trastornos narcisistas y ciertas desviaciones sexuales que permiten aun algunos vínculos algo estables. La personalidad limítrofe inferior, sus relaciones de objeto esta pobremente integradas, lo que hace que perciban a los objetos como enteramente ‘buenos’ o ‘malos’; los mecanismos de defensa usados son la escisión, la identificación proyectiva, la negación, la omnipotencia y la idealización primitiva; gracias a estos se mantienen separados los objetos internalizados buenos de los malos, lo que permite que el sujeto controle su ansiedad y depresión. Su capacidad de sentir culpa está muy reducida y el proceso primario hace que se infiltren los procesos cognitivos; acá se ubican las personalidades narcisistas, los desordenes fronterizos, los caracteres caóticos e impulsivos y las de tipo infantil. 


La personalidad de estructura psicótica, hay una fragmentación del yo, a veces unida con una distorsión del sí mismo; su principal mecanismo de defensa es la escisión.


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